Holaaaa queridos y fieles seguidores,

Me alegra volver por aquí para comentaros algo más sobre "nuestras cositas": esas que nos rodean y que hacen que este país sea lo que es a pesar de pasar, la mayoría de las veces, desapercibidas.

Hoy le va a tocar el turno a nuestra excelente, omnipresente y "vanagloriada" democracia... [silencio] ...[puntos suspensivos]...[más puntos suspensivos]... ¡¡SÍ, DAMAS Y CABALLEROS!! Vivimos bajo un régimen en el que, por concepto y definición, el gobierno lo ostentamos nostros, los ciudadanitos "paganini" de a pie, gobierno por nosotros y para nosotros... ¿En qué momento de la aplicación de esta filosofía nos perdimos y fuimos a parar al 27 de septiembre de 2006, con la casa patas arriba y sin barrer? Porque no me negaréis que, en vista de lo visto, y de unos años a esta parte, toda similitud con una democracia teórica se ciñe al hecho de depositar un sobrecito en una urna. En nuestro país, la vigencia o validez de este sobre relleno de papeleta es ínfima en tiempo: ¡CADUCA AL DIA SIGUIENTE! Ni en el mejor de los casos llega a servir más de 24 horas el célebre sobrecito: una vez abierto y contabilizado, se pierde en el olvido para siempre porque, una vez hecho "el reparto", el papel
soberano del pueblo pasa por arte de magia a recaer sobre la gran entidad que realmente nos gobierna: LOS PARTIDOS POLÍTICOS.

¿Se debe seguir considerando democracia el hecho de que mi voto ofrecido al partido A, única y exclusivamente al partido A, sirva para hacer una amalgama con el partido B en aras de una "mejor gobernabilidad"? Lo siento pero ROTUNDAMENTE NO. ¿Por qué hube de tragar por el chantaje político al que se vio sometido mi país por parte de sectores regionalistas minoritarios, por culpa de un pacto entre partidos? Bueno, no voy a mentaros la incongruente, injusta y patética Ley Bosman sobre la representatividad de las minorías porque me saldría del tema central y me pondría, además, de muy mal humor, así que centrémonos y dejemos el tema "VOTO DE CALIDAD" para una futura acometida...

Hablaba de la "partidocracia" o "dictadura democrática" como prefiero llamarlo, y quería referirme al hecho de que, una vez en el poder el partido de turno, adiós a la soberanía nacional y a nuestro poder de decidir nada: una vez en la poltrona, los partidos se dedican a gobernar dentro de la más absoluta dictadura, ésa que le otorga la posesión de la "mayoría absoluta" en cada pleno. Y si no la tengo, pues pacto y la consigo. Lo que sea preciso para conseguir la mayoría absoluta que me permita ejercer el poder desde, la palabra lo dice, el más puro absolutismo (parlamentario, ésto sí).

Ya os desarrollaré más este jugosisímo asunto. Por ahora he de partir. Dejadme algo para no desanimarme, je, je, chao!