Nuestras cositas

Entre las numerosas peticiones de gente que desea que les escriba algo sobre nada, y que abarrotan mi cuenta de correo a diario (:oP), hoy quiero destacar una muy especial que me ha llegado al corazón. Se trata más de un llamamiento a la cordura que de otra cosa, y me la ha hecho llegar una madre blanca preocupada por el futuro de su hijo negro en un país de... bueno, en un país como el nuestro tan colmado de cerebros atiborrados de miga de pan.

Parece ser éste un país en el que, o eres un fascista, o eres un rojo. Siempre con las etiquetas y con el "eres tal", "eres cual"...

Mire usted, yo no soy nada. Sólo me gusta opinar y carezco de ese tan manoseado concepto de ideología que sustenta el sistema en el que vivimos. Y es que, desde pequeños, nos inculcan (de mala manera) ese típico carácter hispano de "tú eres del Madrid porque es el mejor y así has de permanecer hasta que mueras". Ésto desemboca luego, debido a la pobre educación recibida en temas éticos (habitualmente paupérrima), en conductas intransigentes, intolerancia, racismo y xenofobia, porque te llevan a pensar (a poco que no tengas ciertas ganas de enterarte de qué va la vida fuera tu círculo) que todo lo que no se ajuste a tu manera de pensar es malo y debe ser erradicado. Tenemos aquí, en España, ejemplos tan notables como el de la Inquisición (no sé ni cómo tengo los Santos Eggs de ponerlo en mayúsculas todavía, como aportándole algo de respeto a tan censurable entidad), o el de nuestra tan manida Guerra Civil (vuelvo con las mayúsculas). Y es que seguimos siendo así, seguimos siendo esa España negra de Puerto Urraco y su matanza aunque lo llevemos escondido por dentro, pero sólo hace falta una chispita de nada para que todo ello salga desde lo más hondo de nos dando voces... Hemos sido educados así, qué le vamos a hacer, pero cuando está en nuestras manos cambiar la educación de nuestros hijos y conducirla hacia algo más "mundial", más global, más del S.XXI, resulta que... ¡NO SABEMOS NI EDUCAR! Con lo que vamos a peor, y el panorama que asoma por el horizonte de este siglo recién nacido es simple y sencillamente penoso. Ahora ya no es que críes a tu hijo en un entorno de inevitable multirracialidad, es que directamente no le crías: lo hace tu madre, tu criada, las instituciones...

Firmemente creo que la transmisión de estos valores ha de surgir del contacto diario con tu prole, y esto es hoy casi una utopía. Cada vez más solos, rodeados de más gente... Por cierto, ¡ya somos seis millones en Madrid!

Con todo este "esperanzador" caldo de cultivo, ¿qué va a ser de la vida como valor supremo? Pues tristemente, la vida cada día se cotiza menos: cada vez hay más gente dispuesta a entregarla por nada o casi nada: una religión, una ideologia, un partido de fútbol... ¿Tanto nos importa esta serie de banalidades que hayan de anteponerse ante, incluso, la propia vida? Debemos llenar el cerebro de nuestros hijos con algo más que miga de pan.

Lo siento, es culpa nuestra.