Je, jeee, jeeeeee... perdóname, querido lector, que comience riéndome sin siquiera saludar: es que resulta que alguien más en este planeta ha pensado como yo últimamente sobre el tema de la crisis que nos asola, y éso me ha hecho llegar a creer que tal vez no esté solo en ésto del raciocinio bizarro e, incluso, barroco. Buenos días, por cierto. Quisiera proceder de igual manera que el locutor de radio de quien recibí la jugosa información que, a continuación, paso a analizar: resulta que, en todo este asunto de la crisis, que me daría para escribir 18 artículos seguidos dedicados todos ellos a sinvergüenzas de diversa categoría, hay un grupo de personas que se dedica a acaparar el máximo de dinero posible, a acumularlo y a amontonarlo, al que llamaré banca a partir de ahora. Por ponerle un nombre cualquiera. Este grupo de personas siempre va a ganar dinero, pero es importante diferenciar la cuantía : mucho cuando no hay crisis, muchísimo cuando sí la hay.
Por otra parte, tenemos otro grupo de personas que vive, y en muchos casos sobrevive, con poco dinero. Poco dinero que ha de administrar escrupulosamente para poder hacer frente a los pagos más habituales y cotidianos, como puedan ser una vivienda, un automóvil, los gastos escolares de su progenie y un sinfín de ejemplos que podría citar y que no haré, por ser, por todos, de sobra conocidos. Este grupo de personas en conjunto, destina por ley una buena parte de ese escaso dinero que gana a la manutención del Estado, garante, en contrapartida, de una serie de servicios que revierten de manera directa en beneficio de la sociedad que lo sustenta. Al ser este grupo de personas el más numeroso dentro de la población activa de un país cualquiera como, por ejemplo, España, representa la fuente de ingresos mayor del Estado en concepto de impuestos, es decir, podría aseverar sin miedo a errar ni mencionar cifras (cosa que mi memoria me impide llevar a cabo), que es este grupo de personas quien principalmente sostiene la economía del Estado. A este grupo, a pesar de su importancia, le voy a llamar clase media. El drama que padece la clase media de España y que es, como en el Tute, las cuarenta (muchos conoceréis la famosísima rima), se llama inflación, que es un término que engloba el concepto de “pérdida de poder adquisitivo”. Vamos, que cada vez puedes comprar menos cosas con la misma cantidad de dinero, para decirlo más claramente. Y sí, es un auténtico drama porque, la tendencia teórica para la clase media, es perder su estatus económico, quedarse sin dinero en definitiva, y me explico con un ejemplo: aquí, quien suscribe y escribe, lleva trabajando unos años en este país y, en ninguno de ellos, ha visto que no haya inflación o que ésta quede por debajo de la subida salarial, al menos en la empresa privada, que la pública suele regularse un pelín al alza por diversos motivos que no vienen al caso. Así pues, la esperanza de luchar contra la inflación se fundamenta sobre el cambio de empresa, para lograr con la entrada en la nueva lo que no te van a considerar en la vieja, pero ésto no suele ocurrir cada año. Por tanto la tendencia teórica es que el sueldo permanezca casi invariable mientras los precios suben progresivamente. Ésto viene a notarse especialmente cuando tu país abandona su moneda para adoptar una más universal, llamémosla euro, por ejemplo. Así que, indefectiblemente, la tendencia teórica y progresiva de la clase media es la de ser pobre, desde que la tendencia de su poder adquisitivo es siempre a cero con el paso del tiempo.
Por último, tenemos otro grupo de personas que tienen asignada la tarea de gobernar todo lo que sucede en el Estado. Paulatinamente estas personas van perdiendo esa capacidad en beneficio de otros “subgobiernos” locales, pero todavía podemos decir que se encargan de gestionar todo el dinero que el Estado recauda en concepto de impuestos, que es lo que importa a efectos de este artículo. Este grupo de personas es elegido por la sociedad cada cuatro años, así que podríamos decir que son los representantes de la voluntad mayoritaria de la población que acude a votarles y, además, son elegidos para trabajar para sus electores puesto que de ellos cobran sus sueldos. Podríamos decirlo, sí. Sin embargo ninguno de los dos postulados anteriores resulta ser cierto en la práctica puesto que, a la postre, ni gobierna el grupo que más votos ha obtenido (Ley D'Hondt de reparto de escaños), ni su labor acaba repercutiendo en el beneficio directo de las personas que les pusieron en el gobierno. Paradojas del mundo moderno en el que vivimos, supongo, pero a pesar de todo, voy a llamarles gobierno a partir de ahora.
Y es aquí , en este preciso punto, donde, una vez establecido este marco tan sumamente simplista, puedo apoyarme para comenzar a desgranar las perlas que conforman este pensamiento tan propio de un ser mentalmente trastornado, que ya he constatado no ser únicamente fruto de mi malogrado cerebro, y que en las próximas líneas intentaré detallar.
Resulta que la crisis es económica pero también financiera. Esto es un hecho y un punto de partida para todos los que pretendemos intentar analizar qué es lo que está sucediendo a nuestro alrededor, pero es que también, si siguiéramos hurgando, llegaríamos contundentemente a la conclusión de que también hay crisis de valores en nuestras más jóvenes generaciones, crisis de ideas en los creativos (cineastas, compositores, escritores...), crisis familiares, matrimoniales, y un tan largo etcétera de crisis en fundamentos tan básicos como la educación que, definitivamente, mejor será no seguir hurgando. Vamos a lo nuestro: parece ser que la banca en mi país es de índole privada, es decir, son unas personas que se dedican a sus negocios libremente para intentar ganar dinero, dirigiendo sus políticas a su antojo puesto que trátase de su propio dinero lo que está en juego. Hasta aquí todo correcto: es lo que pretenden todos los negocios privados de este mundo, gestionar sus recursos económicos de forma óptima y privada, no olvidemos ésto último, que es importante. Pero he aquí que sobrevienen tiempos de desconfianza y acaece que la banca deja de prestarse dinero entre colegas. También deja de hacerlo entre competidores, pero es que en este caso pienso que no debería haber hecho esta distinción porque, entre ellos, no parece haber muchos colegas, pero en fin, dejémosles que actúen a su antojo puesto que, con su dinero privado, pueden hacer lo que quieran. Lo malo es que, a causa de esta desconfianza generada entre ellos, cada quien decide que el dinero donde mejor está es en su propio bolsillo, y la liquidez con la que tan bien habían estado funcionando deja de existir, con lo que las reservas para poder prestar el dinero caen drásticamente y las personas que conforman la ya descrita clase media, que necesitan ese dinero para poder salir adelante, dejan de recibirlo también porque no lo hay en circulación. Bueno, vaya, qué contrariedad: resulta que como persona perteneciente a la clase media, que nada tengo que ver con los manejos del dinero de la banca, soy un perjudicado colateral de su gestión, presumiblemente mala a todas luces, con sólo remitirme a las pruebas, pero, aun así, no entro a valorar la gestión privada de cada quien puesto que, como tal, no me compete. Sólo me toca fastidiarme, por no utilizar palabras que comienzan con esta letra tan española como es la J, y asistir como mero espectador. Bueno, vale también: así está establecido y así lo asumo. Pero hay una cosa que llama poderosamente mi atención y que me deja perplejo cuando la descubro: a pesar de toda esta desconfianza crítica generada, las cuentas monetarias de la banca ¡alcanzan cifras récord! Mire usted por dónde, parece que la crisis económica no ha afectado tanto a los señores de la banca. Después de todo, han ganado más dinero que nunca. Nosotros dejaremos por ahora a la banca con sus manejos de dinero, y nos meteremos de lleno en el apartado del gobierno quienes, como personas elegidas para mirar por nuestros intereses, observan con gran preocupación como la crisis financiera empieza a producir crisis económica en la clase media, y comienzan a pensar que, claro, una vez establecida esta crisis económica, la morosidad de esta gente que tan poco dinero gana va a dispararse inevitablemente. ¿Qué podríamos hacer para impedir que ésto ocurra y que la gente pueda seguir sobreviviendo con sus ajustadas raciones de dinero? A ver, a ver... ¡subamos los impuestos! Bueno, no vamos a decirlo así de directo, pero subamos el precio de los transportes públicos, el precio de la energía (con la buenísima excusa del precio del barril de crudo), el precio de los servicios, el precio del dinero, el precio de los precios... ¡Sea!
Y he aquí como el gobierno pare una medida que acabará con la crisis económica... ¡pero la del propio gobierno, claro! Adicionalmente, la gente de la clase media que había podido acceder a un préstamo de dinero antes de producirse la crisis, observa como el precio del euro sube y sube, y observa con preocupación cómo cada mes tiene que desprenderse de una parte mayor de su escasísima ración de dinero para hacer frente a su deuda. Vaya, parece que la clase media sí padece realmente la crisis... De hecho, a la vista de lo visto, parecen ser los únicos que padecen la crisis, puesto que los unos han ganado más pasta que nunca, y los otros tienen mecanismos suficientes para paliarla con rapidez. Qué extraño. Si son el estamento que sustenta todo el invento (después de este pareado tal vez me atreva con la poesía), ¿no tendríamos que proporcionarles medidas que les favorecieran económica, directa y rápidamente? Pues parece que la respuesta a esta pregunta imaginaria no debe ser tan sencilla como yo imagino, así que las mentes pensantes del gobierno se ponen ya en serio a devanarse los sesos y llegan a las sesudas conclusiones de que, en efecto, estamos inmersos en una crisis y de que hay que promover la liquidez para que la gente pueda seguir endeudándose a gusto sin morir asfixiado en el intento. Para ello, y teniendo en cuenta que el hecho de que la gente tenga dinero para gastarse es peligrosísimo, puesto que aumenta la inflación, qué mejor opción que darles el dinero a los bancos. Después de todo, les estaremos ayudando a que lleven a buen término su objetivo final, que no es otro que el de acaparar todo el dinero que circule por ahí (tendencia teórica al igual que la del empobrecimiento progresivo de la clase media, expuesta anteriormente) en base a su actividad principal: amasar y acumular pasta sin más. Así pues, el gobierno decide que la mejor medida para paliar la crisis es darles a los bancos más dinero, mucho dinero, muchísimo dinero, para que puedan seguir jugando al juego principal de la banca: hacer dinero para sí. ¿Que de dónde va a salir ese dinero? Je, jeee, jeeeeeee... Tengo que pedirte de nuevo disculpas por volver a reírme. A pesar de mi propósito de enmienda, no puedo garantizarte que no vuelva a ocurrir de aquí al final del texto, pero lo intentaré con mucha fuerza. Ese dinero va a salir de los fondos públicos, no cabe duda. ¿Financiar empresas privadas con fondos públicos? ¿No se le llama a eso malversación?
Querido lector, tú que has llegado hasta aquí y ya tienes estructurados ya en tu mente, tanto los estamentos de la sociedad que participan, como los planes de futuro de cada uno de ellos, estás en los momento y situación propicios para que comparta contigo ¡mi gran idea! Si resulta que el gobierno tiene en su poder toda esa ingente cantidad de dinero que ha inyectado a los bancos, que son empresas privadas después de todo, cuyas ganancias van para la saca sin otro destino en ciernes, ¿no podría haber cabido la posibilidad de darle otro fin más vanguardista a ese dinero, otro fin que rompiese con todos los moldes y fuese la solución definitiva a la crisis de la clase media?
Lo que oí en la radio y me dejó pasmado fue que, la inyección de dinero que el gobierno de los EEUU ha proporcionado a su banca, ha sido de una cuantía tal que, a cada americanito de a pie mayor de 18 años, le corresponderían 600.000 dólares en caso de haber sido ése el destino de ese efectivo. Extrapolando la operación a Europa y, en concreto, a nuestra España, y volviendo a ignorar las cifras que sólo duran en mi cerebro unas décimas de segundo porque no puedo hacerme a la idea de la cantidad de euros que representan, estaríamos hablando de unos 400.000€ por habitante contribuyente mayor de edad. Las cifras exactas de la cantidad de pasta inyectada a los bancos por el gobierno (en esta ocasión obviaré reseñar que se trata del gobierno ZP), puede usted encontrarlas en la hemeroteca reciente de cualquier diario electrónico (la mayoría ya), pero estoy muy seguro de que serán de cuantía suficiente como para dar cuerpo a ¡mi pensamiento bizarro! Si toda la pasta que el gobierno ha endiñado a los bancos, pasta que, por otra parte, ha sido recaudada a la clase media como vimos anteriormente, es decir, sale de nuestros impuestos (presentes o futuros, me es indiferente) se hubiese destinado a las familias de la clase media en concepto de “ayuda para pagar su hipoteca”, estaríamos hablando de liquidez inmediata para la banca: todo españolito deudor de una hipoteca se encontraría de repente con el dinero suficiente para satisfacerla, por tanto los bancos recuperarían su dinerito y podrían disponer de la ansiada liquidez. Al final ¡todos contentos! La clase media con su dinerito para vivir, los bancos con su liquidez para poder prestarse entre ellos si les place, y el gobierno con los votos en el bolsillo garantizados para las próximas décadas, en definitiva, ¡un país feliz! Por el contrario, la inyección de dinero, perdón, la inyección de nuestro dinero, va a parar a las manos de empresas privadas cuyo único objetivo es el lucro, porque a los pobrecitos, a pesar de haber ganado cifras récord de dinero, no les salen las cuentas. Pues mire usted, ya que se trata de mi dinero, tal vez sería cuestión de exigir al gobierno que exigiese a la banca que nos hiciese llegar a la clase media, dentro de plazo, la parte que habría de correspondernos en conceptos tales como “gastos de emisión de la inyección”, “apertura de la inyección”, “depósito y gestión” y, por supuesto, los intereses devengados mensualmente a cada uno de nuestros sacrificados y denostados bolsillos. Vamos, ésto es lo mínimo que se exige hoy en día a cambio de un préstamo de dinero, aparte de la confianza que daríamos, amablemente, por supuesta. ¿O es que realmente piensan quedarse con la inyección y ya está? Ese dinero también es mío y no tenía pensado donarlo a la banca precisamente, así que me gustaría que el sueldo que pago a los gobernantes por gobernar, sirviese como acicate suficiente para elucubrar ideas un poco más “profundas” que las que veo surgir, tales como, hágase el Banco de España con esta inyección de pasta y dedíquela a préstamos gratuitos para sus legítimos propietarios: la clase media. Ah, no, que ésto es competencia desleal e intervencionismo a un estamento que se dedica a amontonar dinero.
Usted mismo, querido lector, todo ésto que acaba de leer es sólo el producto de la pluma de un enajenado mental o tal vez una idea nueva de vanguardia. Yo no sabría decirle porque, aparte de pertenecer a la clase media, cada día estoy peor de la cabeza.... Ah, y canto ¡las cuarenta! Que no joden pero atormentan.

La verdad es que queda poco que poder comentar en este extenso artículo, (sobretodo porque apenas quedan aspectos por analizar....) en el que, además, he de darte la razón en prácticamente todo... Pero no voy a desaprovechar la oportunidad para dar mi punto de vista y/u opinar sobre cómo veo yo esto de la crisis que tan de cabeza nos trae últimamente. Intentaré hacerlo desde una perspectiva (o planteamiento) algo distinta a la tuya, para que así haya más sobre lo que seguir opinando... ;o)
Quizá esta “crisis” haga surgir el replanteamiento del sistema capitalista tal y como lo conocemos hoy... Entiéndaseme: soy una total defensora de la propiedad privada y creo en el esfuerzo personal como la mejor manera para conseguir unas metas.... pero el capitalismo, tal y como se nos presenta hoy, creo que ha dado suficientes muestras de no ser el camino correcto....Todo el rollo éste de que el mercado se regula por sí solo, y demás, ha resultado ser poco más que una patraña... Y el resultado lo vemos todos: ahí está el gobierno de EE.UU haciendo malabares con su sistema financiero e inyectándole dinero público a mansalva (algo que no había sucedido jamás en su historia....).
Y eso es lo que a nuestra flamante UE no le ha quedado más remedio que hacer igualmente... porque el sistema económico que se ha defendido desde el final de la II Guerra Mundial está totalmente colapsado y, aunque suene increible, puede sobrevivir y remontar pese a la quiebra de la clase media, pero moriría irremediablemente si la banca no se recupera.... Es terrible y yo diría que hasta un absurdo, pero es lo que hay y lo que se viene manteniendo desde hace más de 60 años....
De hecho, quedándonos en nuestro viejo y maltrecho continente, si nos paráramos a analizar la situación país por país, veríamos que aquellos en los que la “crisis” está haciendo menos mella es en los escandinavos... y no creo que sea casualidad que esto suceda en naciones donde se lleva apostando por una política más basada en lo social y en la intervención del Estado (con lo que ello conlleva: léase pagar un 40% de impuestos.... que habría que oirnos aquí si esto pasase....) que en el libre mercado y el “sálvese quién pueda”.... y, ¡ojo!, he dicho “social”... que nadie se confunda con el “comunismo” que no tiene nada que ver.... (que aquí, enseguida, a una le ponen el cartelito de “roja” y ¡¡hale!!... con lo que nos gusta en este país lo de clasificar a nuestros congéneres...).
Imagino que de ahí viene que, en unas de las últimas reuniones celebrada por la mayoría de mandatarios europeos, Gordon Brown (si no me falla la memoria) recalcara la necesidad de replantear el papel del Estado (no del gobierno de turno, sino del Estado en sí) en la economía de aquí en adelante. Porque me parece que ha llegado el momento de que todos llevemos a cabo cierta introspección y asumamos cuánto tenemos de responsables en este “trago” que tanto nos cuesta pasar por el gaznate... No hay duda de que ha quedado totalmente demostrada la incompetencia de la práctica totalidad de los gobernantes del llamado “Primer Mundo” (si es queeeee.... en menudas manos estamos... qué miedito.....) y el choriceo y “atraco a mano armada” de la banca, con el total beneplácito de los anteriormente mencionados....; pero eso no nos puede servir como excusa para no ver nuestra parte de responsabilidad en todo esto: hemos defendido con uñas y dientes, durante algo más de una década, la cultura del “ladrillo”, la especulación sin control y las hipotecas de medio siglo de duración... Nos hemos dejado llevar por el optimismo de una economía artificialmente boyante y hay familias que han empeñado el 60 y hasta el 70% de su sueldo en pagar el piso, el coche, la tele de plasma y las vacaciones.... esas familias que hoy no pueden pagar más y se ven agobiadas por las letras porque no contaron con dejar cierto “margen de seguridad”... Y claro, si el Estado llega a intervenir antes, ya hubiéramos puesto todos el grito en el cielo diciendo que eso es fascismo puro y duro.... pero ahora que vienen las vacas flacas.... ahora sí... ahora que Papá Estado me pague la hipoteca.... Sinceramente, no creo que esa sea tampoco la solución....
Con esto no estoy defendiendo la actuación de nuestro gobierno actual, que a mi ni me dan de comer, ni les debo nada... pero, siendo totalmente consciente y crítica con la actitud “negligente” y de “aquí no pasa nada” que han mostrado durante meses, creo aún así que no son responsables directos de esta situación y que, ahora mismo, les toca seguir el patrón de actuación marcado por la UE... que es otra de las maravillas de formar parte de este magno conjunto..... Claro que hubiera habido mejores formar de afrontar todo esto y seguro que a la mayoría de curritos se nos ocurrirían soluciones más prácticas para nuestro día a día... pero no me veo yo a Sarkozy, a Merkel o a Berlusconi dejando a la banca quebrar para salvar al PHS (puteado hasta la saciedad) proletariado.... Demasiado bonito para ser verdad.... :o(
Mi esperanza es que, por lo menos, aprendamos de esto y seamos capaces de mirar la realidad con un horizonte algo más lejano que los próximos dos años (o cinco).... La economía es cíclica y estas subidas y bajadas siempre suceden... Habrá que procurar que la próxima vez no nos pille con los deberes sin hacer.... (qué ilusa.... )
No nos queda otra que intentar verlo desde un prisma distinto y algo más positivo: me doy cuenta de que debo ser una idelista y/o una soñadora, pero tengo ciertas esperanzas puestas en que las próximas (...y tan próximas...) elecciones en EE.UU. supongan un cambio real tanto para el propio país, como para el resto del Mundo... He de puntualizar que puedo ser una idealista, pero no estúpida y, por tanto, no espero una “revolución” a gran escala que ponga patas arriba todo el sistema político/financiero/religioso/social... pero sí, un atisbo de cambio; la intención de renovar o modificar ciertos aspectos de un sistema que, visto lo visto, hace aguas por todas partes.... Ojalá.... :o)